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(OT) Europa contraataca con velas y ositos de peluche
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2017-06-08 12:03:38 UTC
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Europa contraataca con velas y ositos de peluche
http://www.alertadigital.com/2017/06/08/europa-contraataca-con-velas-y-ositos-de-peluche/

Giulio Meotti.- Esta larga y triste lista es la cosecha humana del
terrorismo islámico en suelo europeo:

Madrid: 191. Londres: 58. Ámsterdam: 1. París: 148. Bruselas: 36.
Copenhague: 2. Niza: 86. Estocolmo: 5. Berlín: 12. Manchester: 22. Y no
tiene en cuenta los cientos de europeos masacrados en el extranjero, en
Bali, Susa, Daka, Jerusalén, Sharm el Sheij o Estambul.

Pero después de 567 víctimas del terrorismo, Europa sigue sin entender. Sólo
en la primera mitad de 2017 ha habido intentos de atentados en Europa cada
nueve días, de media. Pero a pesar de esta ofensiva islamista, Europa sigue
contraatacando con ositos de peluche, velas, flores, vigilias, hashtags en
Twitter y viñetas.

Tras el 11-S y 2.996 víctimas, Estados Unidos, bajo la presidencia de George
W. Bush, se alzó y luchó. Estados Unidos y unos pocos y bravos aliados
europeos, como Reino Unido, Italia y España, demostraron ser “el caballo más
fuerte”. Los guerreros islámicos fueron empujados a posiciones defensivas;
los reclutamientos de los yihadistas cayeron y decenas de tramas se
desbarataron. Pero esa respuesta no duró. Europa se replegó rápidamente a su
propio frente doméstico, mientras los islamistas llevaban la guerra a suelo
europeo: Madrid, Londres, Theo van Gogh…

Desde entonces, la situación sólo ha ido a peor: un simple cálculo demuestra
que hemos pasado de un ataque cada dos años a uno cada nueve días. Tomemos
sólo los últimos seis meses: Berlín, Londres, Estocolmo, París y ahora
Manchester.

Europa no se ha dado cuenta todavía de que el terrorismo que golpeó sus
metrópolis era una guerra, y no el error de unos pocos perturbados que
interpretaron mal la religión islámica. Hoy hay más musulmanes británicos en
las filas del ISIS que en las Fuerzas Armadas Británicas. Según Alexandre
Mendel, autor del libro La France djihadiste (La Francia yihadista), hay más
salafistas violentos en Francia que soldados regulares en el ejército sueco.

Trece años después del ataque en los trenes de Madrid, los líderes europeos
siguen el mismo guion: ocultar las imágenes de dolor, para no herir a nadie;
ocultar que los atacantes islamistas eran “fabricados en Europa”, de dentro;
repetir que “el islam es una religión de paz”; ser prisioneros dentro de
nuestras libertades; verlas caer una por una mientras proclamamos “que no
cambiaremos nuestro estilo de vida”; y erradicar las bases de nuestra
civilización: libertad de expresión, libertad de conciencia, libertad de
movimiento y libertad de culto —toda la base, de hecho, del Occidente
judeocristiano—.

El islam radical es la mayor amenaza contra Europa desde el nazismo y el
comunismo soviético. Pero seguimos sin inclinarnos a cuestionar cualquiera
de los pilares políticos o ideológicos que han conducido al actual desastre,
como el multiculturalismo y la inmigración masiva. Las medidas
antiterroristas duras, las únicas que podrían frustrar los planes y los
ánimos de los terroristas, nunca se han tomado. Entre ellas, el cierre de
mezquitas, la deportación de imanes radicales, la prohibición de la
financiación extranjera de las mezquitas, cerrar organizaciones no
gubernamentales tóxicas, drenar la rica financiación de los yihadistas de
Europa, abstenerse de coquetear con yihadistas e impedir que los
combatientes extranjeros vuelvan a casa desde el frente de batalla.

Tratamos la guerra y el genocidio como si fuesen simples errores cometidos
por nuestros servicios de inteligencia.

Despachamos el islam radical como la “enfermedad mental” de unos pocos
trastornados. Mientras, cada semana, se abren dos nuevas mezquitas
salafistas en Francia, a la vez que se predica el islam radical en más de
2.300 mezquitas francesas. Miles de musulmanes europeos han desaparecido
para librar la yihad en Siria e Irak, y los fundamentalistas se están
haciendo con el control de las mezquitas y centros islámicos. En Bruselas,
todas las mezquitas están controladas por salafistas, que están diseminando
el islam radical entre las masas musulmanas.

La triste verdad es que Europa nunca ha tenido la voluntad política de
librar una guerra total contra el ISIS y otras organizaciones terroristas.
De lo contrario, Raqa y Mosul ya habrían sido neutralizadas. En su lugar,
los islamistas se han ido apoderando de Molenbeek en Bélgica, los suburbios
franceses y grandes franjas de Gran Bretaña. Ahora deberíamos estar
celebrando la liberación de Mosul y la vuelta de los cristianos a sus casas;
en vez de eso estamos guardando luto por las 22 personas asesinadas, los 64
heridos por un terrorista suicida islámico en Manchester y los 29 cristianos
asesinados en Egipto, todo en una misma semana.

El combate de verdad requeriría un bombardeo a gran escala para eliminar a
todos los islamistas posibles. Pero aparentemente no estamos dispuestos a
abandonar nuestras masoquistas reglas de enfrentamiento, que privilegian al
enemigo de nuestra población frente a ésta. Europa jamás exigió tampoco que
sus comunidades musulmanas abjuraran del yihadismo y la ley islámica, la
sharia.

Este silencio es lo que ayuda a los islamistas a cerrar la boca de los
bravos disidentes musulmanes. Mientras, los ejércitos europeos están
menguando día tras día, como si ya consideráramos terminada la partida.

Después de cada atentado, los líderes europeos reciclan los mismos eslóganes
vacíos: “Hay que seguir adelante”; “Somos más fuertes”; “Normalidad”. El
alcalde de Londres, el musulmán Sadiq Jan, ¡nos dice que debemos
acostumbrarnos a la masacre diaria! Dice que cree que la amenaza de los
ataques terroristas “forma parte de vivir en una gran ciudad”. ¿En serio
está diciendo que se supone que debemos acostumbrarnos a que masacren a
nuestros propios hijos en el Manchester Arena? El terror islámico se ha
convertido ahora en parte del paisaje de demasiadas ciudades europeas:
París, Copenhague, Niza, Toulouse, Berlín…

En lugar de concentrarse en la yihad y el islam radical, los líderes
europeos siguen hablando de la “amenaza rusa”. Sería un error pasar por alto
el expansionismo ruso, ciertamente. ¿Pero acaso han atacado Westminster las
tropas de Vladímir Putin? ¿Se han inmolado agentes rusos, llevándose con
ellos vidas de niños en un concierto en Manchester? ¿Ha masacrado un exespía
soviético a los suecos que iban por la calle en Estocolmo? Para los líderes
europeos, hablar de Putin parece una distracción de los verdaderos enemigos.

El escritor francés Philippe Muray escribió en su libro Queridos yihadistas:

¡Queridos yihadistas! ¡Temblad ante la ira del hombre en bermudas! ¡Temed la
rabia de los consumidores, los viajeros, los turistas, los veraneantes, que
se alzan desde sus caravanas! Imaginaos a vosotros en nuestro lugar,
regodeándonos en el goce y el lujo que nos han debilitado.

Parece que para Europa, el terrorismo islámico no es real, sino sólo una
interrupción momentánea de su rutina. Luchamos contra el calentamiento
global, la malaria y el hambre en África, y por un mundo de igualdad global.
¿Pero no estamos dispuestos a luchar por nuestra civilización? ¿O es que ya
nos hemos rendido?
Españuelo
2017-06-08 18:54:27 UTC
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Europa contraataca con velas y ositos de peluche
http://www.alertadigital.com/2017/06/08/europa-contraataca-con-velas-y-ositos-de-peluche/
Giulio Meotti.- Esta larga y triste lista es la cosecha humana del
Madrid: 191. Londres: 58. Ámsterdam: 1. París: 148. Bruselas: 36.
Copenhague: 2. Niza: 86. Estocolmo: 5. Berlín: 12. Manchester: 22. Y
no tiene en cuenta los cientos de europeos masacrados en el
extranjero, en Bali, Susa, Daka, Jerusalén, Sharm el Sheij o
Estambul.
Pero después de 567 víctimas del terrorismo, Europa sigue sin
entender. Sólo en la primera mitad de 2017 ha habido intentos de
atentados en Europa cada nueve días, de media. Pero a pesar de esta
ofensiva islamista, Europa sigue contraatacando con ositos de
peluche, velas, flores, vigilias, hashtags en Twitter y viñetas.
Tras el 11-S y 2.996 víctimas, Estados Unidos, bajo la presidencia
de George W. Bush, se alzó y luchó. Estados Unidos y unos pocos y
bravos aliados europeos, como Reino Unido, Italia y España,
demostraron ser “el caballo más fuerte”. Los guerreros islámicos
fueron empujados a posiciones defensivas; los reclutamientos de los
yihadistas cayeron y decenas de tramas se desbarataron. Pero esa
respuesta no duró. Europa se replegó rápidamente a su propio frente
doméstico, mientras los islamistas llevaban la guerra a suelo
europeo: Madrid, Londres, Theo van Gogh…
Desde entonces, la situación sólo ha ido a peor: un simple cálculo
demuestra que hemos pasado de un ataque cada dos años a uno cada
nueve días. Tomemos sólo los últimos seis meses: Berlín, Londres,
Estocolmo, París y ahora Manchester.
Europa no se ha dado cuenta todavía de que el terrorismo que golpeó
sus metrópolis era una guerra, y no el error de unos pocos
perturbados que interpretaron mal la religión islámica. Hoy hay más
musulmanes británicos en las filas del ISIS que en las Fuerzas
Armadas Británicas. Según Alexandre Mendel, autor del libro La France
djihadiste (La Francia yihadista), hay más salafistas violentos en
Francia que soldados regulares en el ejército sueco.
Trece años después del ataque en los trenes de Madrid, los líderes
europeos siguen el mismo guion: ocultar las imágenes de dolor, para
no herir a nadie; ocultar que los atacantes islamistas eran
“fabricados en Europa”, de dentro; repetir que “el islam es una
religión de paz”; ser prisioneros dentro de nuestras libertades;
verlas caer una por una mientras proclamamos “que no cambiaremos
nuestro estilo de vida”; y erradicar las bases de nuestra
civilización: libertad de expresión, libertad de conciencia, libertad
de movimiento y libertad de culto —toda la base, de hecho, del
Occidente judeocristiano—.
El islam radical es la mayor amenaza contra Europa desde el nazismo y
el comunismo soviético. Pero seguimos sin inclinarnos a cuestionar
cualquiera de los pilares políticos o ideológicos que han conducido
al actual desastre, como el multiculturalismo y la inmigración
masiva. Las medidas antiterroristas duras, las únicas que podrían
frustrar los planes y los ánimos de los terroristas, nunca se han
tomado. Entre ellas, el cierre de mezquitas, la deportación de imanes
radicales, la prohibición de la financiación extranjera de las
mezquitas, cerrar organizaciones no gubernamentales tóxicas, drenar
la rica financiación de los yihadistas de Europa, abstenerse de
coquetear con yihadistas e impedir que los combatientes extranjeros
vuelvan a casa desde el frente de batalla.
Tratamos la guerra y el genocidio como si fuesen simples errores
cometidos por nuestros servicios de inteligencia.
Despachamos el islam radical como la “enfermedad mental” de unos
pocos trastornados. Mientras, cada semana, se abren dos nuevas
mezquitas salafistas en Francia, a la vez que se predica el islam
radical en más de 2.300 mezquitas francesas. Miles de musulmanes
europeos han desaparecido para librar la yihad en Siria e Irak, y
los fundamentalistas se están haciendo con el control de las
mezquitas y centros islámicos. En Bruselas, todas las mezquitas están
controladas por salafistas, que están diseminando el islam radical
entre las masas musulmanas.
La triste verdad es que Europa nunca ha tenido la voluntad política
de librar una guerra total contra el ISIS y otras organizaciones
terroristas. De lo contrario, Raqa y Mosul ya habrían sido
neutralizadas. En su lugar, los islamistas se han ido apoderando de
Molenbeek en Bélgica, los suburbios franceses y grandes franjas de
Gran Bretaña. Ahora deberíamos estar celebrando la liberación de
Mosul y la vuelta de los cristianos a sus casas; en vez de eso
estamos guardando luto por las 22 personas asesinadas, los 64 heridos
por un terrorista suicida islámico en Manchester y los 29 cristianos
asesinados en Egipto, todo en una misma semana.
El combate de verdad requeriría un bombardeo a gran escala para
eliminar a todos los islamistas posibles. Pero aparentemente no
estamos dispuestos a abandonar nuestras masoquistas reglas de
enfrentamiento, que privilegian al enemigo de nuestra población
frente a ésta. Europa jamás exigió tampoco que sus comunidades
musulmanas abjuraran del yihadismo y la ley islámica, la sharia.
Este silencio es lo que ayuda a los islamistas a cerrar la boca de
los bravos disidentes musulmanes. Mientras, los ejércitos europeos
están menguando día tras día, como si ya consideráramos terminada la
partida.
Después de cada atentado, los líderes europeos reciclan los mismos
eslóganes vacíos: “Hay que seguir adelante”; “Somos más fuertes”;
“Normalidad”. El alcalde de Londres, el musulmán Sadiq Jan, ¡nos
dice que debemos acostumbrarnos a la masacre diaria! Dice que cree
que la amenaza de los ataques terroristas “forma parte de vivir en
una gran ciudad”. ¿En serio está diciendo que se supone que debemos
acostumbrarnos a que masacren a nuestros propios hijos en el
Manchester Arena? El terror islámico se ha convertido ahora en parte
del paisaje de demasiadas ciudades europeas: París, Copenhague, Niza,
Toulouse, Berlín…
En lugar de concentrarse en la yihad y el islam radical, los líderes
europeos siguen hablando de la “amenaza rusa”. Sería un error pasar
por alto el expansionismo ruso, ciertamente. ¿Pero acaso han atacado
Westminster las tropas de Vladímir Putin? ¿Se han inmolado agentes
rusos, llevándose con ellos vidas de niños en un concierto en
Manchester? ¿Ha masacrado un exespía soviético a los suecos que iban
por la calle en Estocolmo? Para los líderes europeos, hablar de Putin
parece una distracción de los verdaderos enemigos.
¡Queridos yihadistas! ¡Temblad ante la ira del hombre en bermudas!
¡Temed la rabia de los consumidores, los viajeros, los turistas, los
veraneantes, que se alzan desde sus caravanas! Imaginaos a vosotros
en nuestro lugar, regodeándonos en el goce y el lujo que nos han
debilitado.
Parece que para Europa, el terrorismo islámico no es real, sino sólo
una interrupción momentánea de su rutina. Luchamos contra el
calentamiento global, la malaria y el hambre en África, y por un
mundo de igualdad global. ¿Pero no estamos dispuestos a luchar por
nuestra civilización? ¿O es que ya nos hemos rendido?
¿Por qué no te lees, Los protocolos de los sabios de Sión?

Sabrás quién dirige y porqué.
Alboroto
2017-06-10 19:53:04 UTC
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Raw Message
Vergüenzaaaa de Europaaaaa!!!!!!!!!!!!!!!!!





El 08/06/17 a las 14:03, Otro escribió:
Europa contraataca con velas y ositos de peluche
http://www.alertadigital.com/2017/06/08/europa-contraataca-con-velas-y-ositos-de-peluche/

Giulio Meotti.- Esta larga y triste lista es la cosecha humana del
terrorismo islámico en suelo europeo:

Madrid: 191. Londres: 58. Ámsterdam: 1. París: 148. Bruselas: 36.
Copenhague: 2. Niza: 86. Estocolmo: 5. Berlín: 12. Manchester: 22. Y no
tiene en cuenta los cientos de europeos masacrados en el extranjero, en
Bali, Susa, Daka, Jerusalén, Sharm el Sheij o Estambul.

Pero después de 567 víctimas del terrorismo, Europa sigue sin entender.
Sólo en la primera mitad de 2017 ha habido intentos de atentados en
Europa cada nueve días, de media. Pero a pesar de esta ofensiva
islamista, Europa sigue contraatacando con ositos de peluche, velas,
flores, vigilias, hashtags en Twitter y viñetas.

Tras el 11-S y 2.996 víctimas, Estados Unidos, bajo la presidencia de
George W. Bush, se alzó y luchó. Estados Unidos y unos pocos y bravos
aliados europeos, como Reino Unido, Italia y España, demostraron ser “el
caballo más fuerte”. Los guerreros islámicos fueron empujados a
posiciones defensivas; los reclutamientos de los yihadistas cayeron y
decenas de tramas se desbarataron. Pero esa respuesta no duró. Europa se
replegó rápidamente a su propio frente doméstico, mientras los
islamistas llevaban la guerra a suelo europeo: Madrid, Londres, Theo van
Gogh…

Desde entonces, la situación sólo ha ido a peor: un simple cálculo
demuestra que hemos pasado de un ataque cada dos años a uno cada nueve
días. Tomemos sólo los últimos seis meses: Berlín, Londres, Estocolmo,
París y ahora Manchester.

Europa no se ha dado cuenta todavía de que el terrorismo que golpeó sus
metrópolis era una guerra, y no el error de unos pocos perturbados que
interpretaron mal la religión islámica. Hoy hay más musulmanes
británicos en las filas del ISIS que en las Fuerzas Armadas Británicas.
Según Alexandre Mendel, autor del libro La France djihadiste (La Francia
yihadista), hay más salafistas violentos en Francia que soldados
regulares en el ejército sueco.

Trece años después del ataque en los trenes de Madrid, los líderes
europeos siguen el mismo guion: ocultar las imágenes de dolor, para no
herir a nadie; ocultar que los atacantes islamistas eran “fabricados en
Europa”, de dentro; repetir que “el islam es una religión de paz”; ser
prisioneros dentro de nuestras libertades; verlas caer una por una
mientras proclamamos “que no cambiaremos nuestro estilo de vida”; y
erradicar las bases de nuestra civilización: libertad de expresión,
libertad de conciencia, libertad de movimiento y libertad de culto —toda
la base, de hecho, del Occidente judeocristiano—.

El islam radical es la mayor amenaza contra Europa desde el nazismo y el
comunismo soviético. Pero seguimos sin inclinarnos a cuestionar
cualquiera de los pilares políticos o ideológicos que han conducido al
actual desastre, como el multiculturalismo y la inmigración masiva. Las
medidas antiterroristas duras, las únicas que podrían frustrar los
planes y los ánimos de los terroristas, nunca se han tomado. Entre
ellas, el cierre de mezquitas, la deportación de imanes radicales, la
prohibición de la financiación extranjera de las mezquitas, cerrar
organizaciones no gubernamentales tóxicas, drenar la rica financiación
de los yihadistas de Europa, abstenerse de coquetear con yihadistas e
impedir que los combatientes extranjeros vuelvan a casa desde el frente
de batalla.

Tratamos la guerra y el genocidio como si fuesen simples errores
cometidos por nuestros servicios de inteligencia.

Despachamos el islam radical como la “enfermedad mental” de unos pocos
trastornados. Mientras, cada semana, se abren dos nuevas mezquitas
salafistas en Francia, a la vez que se predica el islam radical en más
de 2.300 mezquitas francesas. Miles de musulmanes europeos han
desaparecido para librar la yihad en Siria e Irak, y los
fundamentalistas se están haciendo con el control de las mezquitas y
centros islámicos. En Bruselas, todas las mezquitas están controladas
por salafistas, que están diseminando el islam radical entre las masas
musulmanas.

La triste verdad es que Europa nunca ha tenido la voluntad política de
librar una guerra total contra el ISIS y otras organizaciones
terroristas. De lo contrario, Raqa y Mosul ya habrían sido
neutralizadas. En su lugar, los islamistas se han ido apoderando de
Molenbeek en Bélgica, los suburbios franceses y grandes franjas de Gran
Bretaña. Ahora deberíamos estar celebrando la liberación de Mosul y la
vuelta de los cristianos a sus casas; en vez de eso estamos guardando
luto por las 22 personas asesinadas, los 64 heridos por un terrorista
suicida islámico en Manchester y los 29 cristianos asesinados en Egipto,
todo en una misma semana.

El combate de verdad requeriría un bombardeo a gran escala para eliminar
a todos los islamistas posibles. Pero aparentemente no estamos
dispuestos a abandonar nuestras masoquistas reglas de enfrentamiento,
que privilegian al enemigo de nuestra población frente a ésta. Europa
jamás exigió tampoco que sus comunidades musulmanas abjuraran del
yihadismo y la ley islámica, la sharia.

Este silencio es lo que ayuda a los islamistas a cerrar la boca de los
bravos disidentes musulmanes. Mientras, los ejércitos europeos están
menguando día tras día, como si ya consideráramos terminada la partida.

Después de cada atentado, los líderes europeos reciclan los mismos
eslóganes vacíos: “Hay que seguir adelante”; “Somos más fuertes”;
“Normalidad”. El alcalde de Londres, el musulmán Sadiq Jan, ¡nos dice
que debemos acostumbrarnos a la masacre diaria! Dice que cree que la
amenaza de los ataques terroristas “forma parte de vivir en una gran
ciudad”. ¿En serio está diciendo que se supone que debemos
acostumbrarnos a que masacren a nuestros propios hijos en el Manchester
Arena? El terror islámico se ha convertido ahora en parte del paisaje de
demasiadas ciudades europeas: París, Copenhague, Niza, Toulouse, Berlín…

En lugar de concentrarse en la yihad y el islam radical, los líderes
europeos siguen hablando de la “amenaza rusa”. Sería un error pasar por
alto el expansionismo ruso, ciertamente. ¿Pero acaso han atacado
Westminster las tropas de Vladímir Putin? ¿Se han inmolado agentes
rusos, llevándose con ellos vidas de niños en un concierto en
Manchester? ¿Ha masacrado un exespía soviético a los suecos que iban por
la calle en Estocolmo? Para los líderes europeos, hablar de Putin parece
una distracción de los verdaderos enemigos.

El escritor francés Philippe Muray escribió en su libro Queridos yihadistas:

¡Queridos yihadistas! ¡Temblad ante la ira del hombre en bermudas!
¡Temed la rabia de los consumidores, los viajeros, los turistas, los
veraneantes, que se alzan desde sus caravanas! Imaginaos a vosotros en
nuestro lugar, regodeándonos en el goce y el lujo que nos han debilitado.

Parece que para Europa, el terrorismo islámico no es real, sino sólo una
interrupción momentánea de su rutina. Luchamos contra el calentamiento
global, la malaria y el hambre en África, y por un mundo de igualdad
global. ¿Pero no estamos dispuestos a luchar por nuestra civilización?
¿O es que ya nos hemos rendido?

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