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(OT) Arturo Pérez-Reverte: "Es la guerra santa, idiotas"
(demasiado antiguo para responder)
Otro
2017-08-20 22:36:20 UTC
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PATENTE DE CORSO
Arturo Pérez-Reverte: "Es la guerra santa, idiotas"
"Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo"
ARTURO PÉREZ-REVERTE , 18 de agosto de 2017 a las 18:47

http://www.periodistadigital.com/opinion/columnistas/2017/08/18/es-la-guerra-santa-idiotas.shtml

Pinchos morunos y cerveza. A la sombra de la antigua muralla de Melilla, mi
interlocutor -treinta años de cómplice amistad- se recuesta en la silla y
sonríe, amargo.

«No se dan cuenta, esos idiotas -dice-. Es una guerra, y estamos metidos en
ella. Es la tercera guerra mundial, y no se dan cuenta».
Mi amigo sabe de qué habla, pues desde hace mucho es soldado en esa guerra.
Soldado anónimo, sin uniforme. De los que a menudo tuvieron que dormir con
una pistola debajo de la almohada.

«Es una guerra -insiste metiendo el bigote en la espuma de la cerveza-. Y la
estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo».
Mientras escucho, pienso en el enemigo. Y no necesito forzar la imaginación,
pues durante parte de mi vida habité ese territorio. Costumbres, métodos,
manera de ejercer la violencia (A la caza del conductor asesino de La
Rambla, el único terrorista islámico que ha logrado fugarse tras los
atentados en Cataluña).

Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde los
tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas.

Incluso desde las Termópilas. Como se repitió en aquel Irán, donde los
incautos de allí y los imbéciles de aquí aplaudían la caída del Sha y la
llegada del libertador Jomeini y sus ayatollás.

Como se repitió en el babeo indiscriminado ante las diversas primaveras
árabes, que al final -sorpresa para los idiotas profesionales- resultaron
ser preludios de muy negros inviernos ( Ada Colau trata de cubrirse y dice
que los bolardos no habrían evitado la carnicería en las Ramblas).


Inviernos que son de esperar, por otra parte, cuando las palabras libertad y
democracia, conceptos occidentales que nuestra ignorancia nos hace creer
exportables en frío, por las buenas, fiadas a la bondad del corazón humano,
acaban siendo administradas por curas, imanes, sacerdotes o como queramos
llamarlos, fanáticos con turbante o sin él, que tarde o temprano hacen
verdad de nuevo, entre sus también fanáticos feligreses, lo que escribió el
barón Holbach en el siglo XVIII:

«Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en
general ante nada».
Porque es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en
Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe el
que haya estado allí (Masacre en Barcelona: tras la miseria de Garzón, el
vómito de la CUP, la sorna de Otegi y el cinismo de Podemos).

Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos y
la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de vídeos y
fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos mostrando
sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños violados por
infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en eso las
ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de criminales cortando
cuellos en vivo mientras gritan «Alá Ajbar» y docenas de espectadores lo
graban con sus putos teléfonos móviles.

Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino en
Australia- exhibe con el texto: «Degollad a quien insulte al Profeta».

Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán -no
en Damasco, sino en Londres- donde advierte: «Usaremos vuestra democracia
para destruir vuestra democracia».

A Occidente, a Europa, le costó siglos de sufrimiento alcanzar la libertad
de la que hoy goza. Poder ser adúltera sin que te lapiden, o blasfemar sin
que te quemen o que te cuelguen de una grúa. Ponerte falda corta sin que te
llamen puta.

Gozamos las ventajas de esa lucha, ganada tras muchos combates contra
nuestros propios fanatismos, en la que demasiada gente buena perdió la vida:
combates que Occidente libró cuando era joven y aún tenía fe.

Pero ahora los jóvenes son otros: el niño de la pancarta, el cortador de
cabezas, el fanático dispuesto a llevarse por delante a treinta infieles e
ir al Paraíso.

En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde nació
la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam radical es
joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los cojones, ellos y
ellas, muy puestos en su sitio. Dar mala imagen en Youtube les importa un
rábano: al contrario, es otra arma en su guerra.

Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia
clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo lo
desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus propias
contradicciones socioteológicas.

Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho más
que una inmensa gilipollez. Es un suicidio.

Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con quién.
Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin complejos. Porque
el frente de combate no está sólo allí, al otro lado del televisor, sino
también aquí.

En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo, aunque
igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar
de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros.

NOTA.- esta columna se publico en el XLSemanal el 31/8/2014, pero por su
indudable inter´res y al rebufo de los atentados yihadistas en Cataluña, la
reproducimos otra vez.
Españuelo
2017-08-21 17:52:09 UTC
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PATENTE DE CORSO Arturo Pérez-Reverte: "Es la guerra santa, idiotas"
"Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo"
ARTURO PÉREZ-REVERTE , 18 de agosto de 2017 a las 18:47
http://www.periodistadigital.com/opinion/columnistas/2017/08/18/es-la-guerra-santa-idiotas.shtml
Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su
propia clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal,
que a menudo lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo,
atrapado en sus propias contradicciones socioteológicas.
Alà es una diosa, hay que escribir y decir "Trabajan con su diosa ...
gamo
2017-08-23 18:25:34 UTC
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Post by Otro
PATENTE DE CORSO
Arturo Pérez-Reverte: "Es la guerra santa, idiotas"
"Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo"
ARTURO PÉREZ-REVERTE , 18 de agosto de 2017 a las 18:47
http://www.periodistadigital.com/opinion/columnistas/2017/08/18/es-la-guerra-santa-idiotas.shtml
Pinchos morunos y cerveza. A la sombra de la antigua muralla de Melilla,
mi interlocutor -treinta años de cómplice amistad- se recuesta en la
silla y sonríe, amargo.
«No se dan cuenta, esos idiotas -dice-. Es una guerra, y estamos metidos
en ella. Es la tercera guerra mundial, y no se dan cuenta».
Mi amigo sabe de qué habla, pues desde hace mucho es soldado en esa
guerra. Soldado anónimo, sin uniforme. De los que a menudo tuvieron que
dormir con una pistola debajo de la almohada.
«Es una guerra -insiste metiendo el bigote en la espuma de la cerveza-.
Y la estamos perdiendo por nuestra estupidez. Sonriendo al enemigo».
Mientras escucho, pienso en el enemigo. Y no necesito forzar la
imaginación, pues durante parte de mi vida habité ese territorio.
Costumbres, métodos, manera de ejercer la violencia (A la caza del
conductor asesino de La Rambla, el único terrorista islámico que ha
logrado fugarse tras los atentados en Cataluña).
Todo me es familiar. Todo se repite, como se repite la Historia desde
los tiempos de los turcos, Constantinopla y las Cruzadas.
Incluso desde las Termópilas. Como se repitió en aquel Irán, donde los
incautos de allí y los imbéciles de aquí aplaudían la caída del Sha y la
llegada del libertador Jomeini y sus ayatollás.
Como se repitió en el babeo indiscriminado ante las diversas primaveras
árabes, que al final -sorpresa para los idiotas profesionales-
resultaron ser preludios de muy negros inviernos ( Ada Colau trata de
cubrirse y dice que los bolardos no habrían evitado la carnicería en las
Ramblas).
Inviernos que son de esperar, por otra parte, cuando las palabras
libertad y democracia, conceptos occidentales que nuestra ignorancia nos
hace creer exportables en frío, por las buenas, fiadas a la bondad del
corazón humano, acaban siendo administradas por curas, imanes,
sacerdotes o como queramos llamarlos, fanáticos con turbante o sin él,
que tarde o temprano hacen verdad de nuevo, entre sus también fanáticos
«Cuando los hombres creen no temer más que a su dios, no se detienen en
general ante nada».
Porque es la Yihad, idiotas. Es la guerra santa. Lo sabe mi amigo en
Melilla, lo sé yo en mi pequeña parcela de experiencia personal, lo sabe
el que haya estado allí (Masacre en Barcelona: tras la miseria de
Garzón, el vómito de la CUP, la sorna de Otegi y el cinismo de Podemos).
Lo sabe quien haya leído Historia, o sea capaz de encarar los periódicos
y la tele con lucidez. Lo sabe quien busque en Internet los miles de
vídeos y fotografías de ejecuciones, de cabezas cortadas, de críos
mostrando sonrientes a los degollados por sus padres, de mujeres y niños
violados por infieles al Islam, de adúlteras lapidadas -cómo callan en
eso las ultrafeministas, tan sensibles para otras chorradas-, de
criminales cortando cuellos en vivo mientras gritan «Alá Ajbar» y
docenas de espectadores lo graban con sus putos teléfonos móviles.
Lo sabe quien lea las pancartas que un niño musulmán -no en Iraq, sino
en Australia- exhibe con el texto: «Degollad a quien insulte al Profeta».
Lo sabe quien vea la pancarta exhibida por un joven estudiante musulmán
-no en Damasco, sino en Londres- donde advierte: «Usaremos vuestra
democracia para destruir vuestra democracia».
A Occidente, a Europa, le costó siglos de sufrimiento alcanzar la
libertad de la que hoy goza. Poder ser adúltera sin que te lapiden, o
blasfemar sin que te quemen o que te cuelguen de una grúa. Ponerte falda
corta sin que te llamen puta.
Gozamos las ventajas de esa lucha, ganada tras muchos combates contra
nuestros propios fanatismos, en la que demasiada gente buena perdió la
vida: combates que Occidente libró cuando era joven y aún tenía fe.
Pero ahora los jóvenes son otros: el niño de la pancarta, el cortador de
cabezas, el fanático dispuesto a llevarse por delante a treinta infieles
e ir al Paraíso.
En términos históricos, ellos son los nuevos bárbaros. Europa, donde
nació la libertad, es vieja, demagoga y cobarde; mientras que el Islam
radical es joven, valiente, y tiene hambre, desesperación, y los
cojones, ellos y ellas, muy puestos en su sitio. Dar mala imagen en
Youtube les importa un rábano: al contrario, es otra arma en su guerra.
Trabajan con su dios en una mano y el terror en la otra, para su propia
clientela. Para un Islam que podría ser pacífico y liberal, que a menudo
lo desea, pero que nunca puede lograrlo del todo, atrapado en sus
propias contradicciones socioteológicas.
Creer que eso se soluciona negociando o mirando a otra parte, es mucho
más que una inmensa gilipollez. Es un suicidio.
Vean Internet, insisto, y díganme qué diablos vamos a negociar. Y con
quién. Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin
complejos. Porque el frente de combate no está sólo allí, al otro lado
del televisor, sino también aquí.
En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo,
aunque igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible,
disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los
bárbaros.
NOTA.- esta columna se publico en el XLSemanal el 31/8/2014, pero por su
indudable inter´res y al rebufo de los atentados yihadistas en Cataluña,
la reproducimos otra vez.
¿Reproducimos, quiénes?
Porque es la reproducción más editada que he visto en mucho tiempo.
--
http://gamo.eu.pn/
Do not mix your decrepitude with that of the world.
Different racing teams.
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